lunes, 8 de diciembre de 2008

Plantada


Caminando va la novia bajo la lluvia. Su vestido de color rosa pálido, sus mejillas manchadas con un tono azul de su maquillaje, camina descalza con sus zapatos de tacones en las manos para que no se arruinen por el terreno donde andaba a la tenue luz de los focos anaranjados de la calle, su llanto se esconde tras las gotas de lluvia. Se sienta en un paradero de bus y se pone sus tacones. La gente cruza la calle para no encontrarse con la infeliz muchacha que baja la mirada a los de la acera de enfrente mientras masculla algo inaudible.

Caminando va la novia bajo la lluvia nocturna, maldiciendo a los cielos y a la gente. Sus verdes ojos se envuelven de rojo y seca su rostro con sus blancos guantes. Cruza calles y avenidas, se sienta a menudo en bancas por el cansancio de caminar. Va por paseos poco concurridos, su rosa vestido está deshecho, sólo son harapos húmedos que en la memoria fueron bellos.

Su cara es alumbrada y ella no grita, en vez de eso, camina impertérrita hacia la luz.

Tendida en el suelo, su rostro inquebrantable de orgullo se quebrantó, sus mejillas teñidas de azul se bañaron de rojo, su vestido que era bello, ahora es andrajoso y sucio. Sus ojos se mantienen abiertos como observando a su verdugo que se había bajado del camión y llamaba desesperado a alguien que lo ayudara.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Soliloquio


Pinceles de nieve pintaban volcanes ardientes sobre nubes invisibles.

Pero eso no importaba a tu insensatez adulta y precoz, ni a tus ojos encendidos por ascuas tan rojas como los rubíes que circulan por tus venas, ni siquiera te importaba el llanto de tu dadora de ser. No son más que lágrimas artificiales provocadas por sentimientos mentirosos, no es llanto de alegría ni de dicha, tampoco pena, sólo es el líquido insensible de la misma insensible que te enseñó la indiferencia que siempre está presente en ti... como ahora.

Lo siento, te he conmovido, o eso creo. ¿Acaso no lo ves?, aun no te das de mí, de mis deseos enormes de que no seas tan ella, tan ella y seas tú misma, no más ella, tú, y no me ignores y no te ignores, no ignores el hecho de que eres y te darías cuenta de todo lo hermoso existente, de las nubes invisibles. Verías maravillada esas cosas divinamente simples, colosales, ilógicas, humanas, tuyas, todo a tu alcance... pero no te importa, en cambio lloras, me muestras esas mismas lágrimas artificiales plagiadas de tu propia sangre. Esas lágrimas apagan esos fogosos espejos que me miraban ardiendo hace nada y que ahora se ahogan y se muestran oscuros. Ese ámbar ha naufragado, sonríe, ya no me quebrantan tus falsos sentimientos heredados. No tienes por qué ser tan ella, ya la conozco, ya te conozco, no me engañas.

Tengo que partir a disfrutar de mi recorrido, de mi destino, que a diferencia del tuyo, está escrito a carbón, grafito, no es predispuesto, estoy decidido a cambiarlo a mi gusto. Todavía tienes oportunidad... el pasado y el tiempo que has sido indiferente a la existencia, a mi existencia, puede ser corregido, puedes ser, te darás cuenta de la belleza incomparable de esos preciosos pinceles que pintan y dibujan, inmutables al calor. Imagíname como aquellos pinceles incesantes, tus ojos no me abaten, aquel calor no me funde, no me derrite, solamente trato de pintarte, corregir tus errores, pues el fuego puede ser moldeado con nieve y agua, no es únicamente destrucción, es creación, el agua no es sólo vida, se irrita y es tempestad.

¿Por qué me detienes?, no lloras ahora...

Lloro, no sabes el quebranto de mi alma por tus palabras, si no he hablado es porque no he querido, ¡Bla, blás!, ¡Nunca quieres!, pero ahora es el momento, necesito partir y si pretendes volar junto a esta ave que no tiene alas, te seré un estorbo. ¡Eres Libre!, bella, hipócrita, real, pero eres muy particular, por eso parto, parto contigo, solitario junto a ti.

No tengo nada más que decirte, nada te he dicho y aun así no recibo respuestas.

Ahora camino solo, viendo los frondosos árboles de otoño pleno, frondosidad imperceptible, claro, pero presente. La trasversibilidad del otoño es poderosa, los que se resisten a ella se ennegrecen (o amarillecen) y decaen. Valorables son los árboles que luchan contra el destino predispuesto por el caballero preinvernal. ¿Cómo alguien tan fuerte puede dudar de su majestuosidad ante alguien muda de indiferencia e incluso ceder frente a ella, y someterse a sus seducciones sin que le dirija una palabra aunque la encare y le diga a gritos sus verdades?, bueno, así es como el otoño cede su soberanía a una dama silente. La primavera tiene sometido tal gran caballero sin quererlo, pero está conciente de su poder.

Manipulas mis sentimientos sin palabras, hasta pareces muda, si no es porque yo soy, por ti, no sería...
Me irrita tu indiferencia, ya no soporto el hecho de que tu boca se abra y tus ojos siempre me miren, que me hipnoticen en un trance conciente, ya no puedo.

Dicho esto, partí. Tuve una lucha a punta de pensamiento con Morfeo, luego en la madrugada media, logré asesinarlo, ahora guardo su cabeza de trofeo. A diario lidio con él en las noches, pues no me gusta, destesto y odio su reino, donde no puedo sentir en él realmente y carezco de memoria, mis vivencias y pensamientos son únicos, quizás sean maravillosos, pero no los recuerdo. Es posible que haya vivido los momentos más felices de mi vida, mas me han prohibido recordar aquella dicha, temiendo que probablemente, aquella felicidad provoque mi desgracia infinita por no estar disfrutándola en ese instante recordado. Por eso es que hace días que no duermo, pensando en los pinceles que no terminan su infernal obra sobre el firmamento, aun así no me siento cansado, si hasta mi cuerpo me pide estar atento a los acontecimientos fantásticos, el sueño es un fastidio, no extraño soñar, la vida es un sueño, el soñar no existe, son pesadillas, quién extraña las pesadillas... Yo... te extraño.

¿Estás aquí?, no lo había notado, si tus labios decidieran ya no estar más cerrado y tú no estar más callada...
Hace cinco soles que no compartía espacio contigo, no me extrañabas a mí, sólo a mi compañía, por cierto siempre patética, yo siempre implorandote algo, eso es lo que te gusta. ¿Preocupándote?, mi aspecto es normal, no estoy debastado, menos enfermo, pero dime ¿desde cuándo que te preocupas por mí?. Estás llorando de nuevo, deja de hacerlo, no solucionarás nada así.

...No me puedo mover, está oscuro, pero siento tu presencia y tu llanto, mucha congoja, muchas personas están contigo. Tu llanto es de profunda pena, espera, siento que te alejas.

Discúlpame, no quice hacerte llorar, pero nunca te animaste por mí.

Al final, tus primeras palabras me hicieron dichoso pero mucha más desgraciado. Sentí una de tus lágrimas en mi mejilla y escuché un 'Adios, serás eterno en mí'...

No me importa.