lunes, 2 de febrero de 2009

Declaración


Como el argumento del deseo infantil por obtener el producto que pregona el vendedor, un sentimiento que nace de mi nada, que está ajeno a mi soberanía, pero que aflora por la siempre metaforizada mujer... en específico: tú.
Tú, que haces que me vista con mi peor poesía, que mi mente se centralice en ti, en vez de divagar como siempre lo hace, o no siempre, ahora no divaga, es una mente llena de pensamientos poetizados e idiotizados.
Tu sola presencia inutiliza entre trece y quince palabras de las veinte que planeaba decir y deja en la duda a mis brazos que, si antes no sabían qué hacer, ahora quedan impotentes y temerosos de abrazos.
Para qué hablar si el sentimiento no es mutuo, pues esa es la idea que a ratos tortura. Acá el 'tú no a mí' es el depresor y catalizador de frustraciones.
Puede que sea sólo una cosa hormonal o un tema netamente desencadenado por situaciones, gustos o convivencia, pero nadie te avisa que podría provocar una atracción dopamínica.
En este instante ponte en la escena de la declaración. Imagínate con una lengua dubitativa, un discurso premeditado pero olvidado, apunto de explayarte y comunicarle algo, que tiene que ser lindo, a la tipa que actúa en tus sueños (los que tienes durmiendo y despierto) y pensarás en lo fácil que sería si el otro comenzara a hablar del tema.

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