lunes, 2 de febrero de 2009

Y eso pasó...


Cuando me subí al bus, ellos ya estaban allí, sentados en el fondo. Al principio no me percaté de su presencia, pues el bus estaba lleno. Primero vi a una muchacha que, a pesar de la corta edad que representaba, parecía de esas niñas descontroladas y futuras madres adolescentes. Avancé hacia el fondo y me reí de lo prejuiciosa que había sido mi idea. Ahí los vi.
A ambos les faltaban dientes; uno era moreno y tenía un rostro común; el otro era casi rubio y de ojos claros, tenía una cabeza con una leve forma de ampolleta, ojos saltones, su rostro le daba la apariencia de un psicópata de esos que matan a su familia con un destornillador mientras duermen.
Me paré frente a ellos y los miraba a menudo porque me atraía la idea de que fueran reos que habían cumplido su condena y que volvían a sus hogares.
Escuchaban música de los 90' en un celular y coreaban las canciones.
De repente el tipo de la cabeza rara me miró y nuestros ojos se encontraron. Luego de unos segundos, me intimidó y volteé a otro lado la mirada.
Cuando se bajaron del bus, mi vida siguió como siempre.

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