miércoles, 25 de marzo de 2009

Se me olvida pestañear


Imagina que mis pupilas son dos clítoris que se estimulan con cada cosa que veo y me provocan gran placer. ¿Acaso eso no es motivo suficiente para que se me olvide pestañear? Seguro tú no te mantendrías a cada instante con los ojos abiertos para que no se te escaparan detalles de lo que acontece si estuvieras en mi situación. Eso justifica mis ojos rojos, parpadeos poco recurrentes y... que no pueda dejar de mirarte.
-Mi vida es orgasmo sensitivo.
-Mirar a los ojos es una orgía visual.
-Usar lentes es como usar condón.
-Prefiero llegar al clímax clavando mi vista clara sobre ti.
-Dormir es la cohibición de mi desenfreno ojístico.

Ya no me mirarás con los mismos ojos, pues ahora tus ojos adoptaron mi anatomía ocular repleta de sexualidad y deleite. El mundo es algo sublime que te provocará el goce más depravado. Bienvenida a mi mundo impúdico y de vaginalidad pupílica. Espero verte a los ojos prontos.


Con cariño
...
César Paolo


Post Scriptum: Te recomiendo comprar gotitas para los ojos que, aparte de quitarte lo rojo, funciona como lubricante a la vista.

Batir las alas


Y el pájaro batió sus alas, primero la una y luego la otra, repetidas veces. Pero no batía ambas juntas, pues decía que en un libro le enseñaron a batir por separado o se podía cortar.

Filosofía del errante



Iré a robar tablas a las líneas del tren y prenderé una fogata, porque hoy no quiero morir de frío. Mañana, si muero congelado, tendré el consuelo de haber robado... sé que en el infierno no pasaré frío.

En el parque


Mientras el sol se marcha para dejar el cielo como pupilas.

Mientras una flauta suena más fuerte y mucho más bella que los autos que intentan romper la armonía.

Mientras el viento se vuelve frío como un desconocido y los niños aprenden a andar en bicicleta.

Mientras la gente se mantiene acompañada y los sauces lloran oxígeno contaminado con melancolía.

Mientras un poeta escribe solo en una banca y ve volver a tanta gente de sus trabajos.

Mientras el cielo se enluta, mientras las aves roban ramas, mientras los árboles tiritan por el viento frío y los perros sacan a dar un paseo a sus dueños.

Mientras un muchacho se le declara a una joven rubia y no nota que a su lado llora una quinceañera porque su pololo la ha dejado.

En el parque, donde los relojes fueron quitados, porque en este lugar el tiempo nunca existió y los árboles en primavera se vuelven semillas.

En el parque el sol juega desde temprano en los columpios y los padres vuelven a ser hijos.

Aquí, donde la muerte chapotea en la pileta y las gotas de rocío son lágrimas de alegría.

En el parque...

Ignavia


8:00 hrs.
Se enciende la tele porque estaba programada temprano para que yo me despertara y me levantara de la cama. En efecto, me despertó y me levanté de la cama... para apagar la tele y volver a acostarme.

9:00 hrs.
Duermo.

9:30 hrs.
Duermo aun.

10:00 hrs.
Me despierto pero sigo acostada y con los ojos cerrados para continuar la historia que estaba soñando.

10:30 hrs.
Sigo acostada y con los ojos cerrados para continuar la historia que estaba soñando.

11:30 hrs.
Sigo acostada y con los ojos cerrados para continuar la historia que estaba soñando.

12:00 hrs.
Sigo acostada y con los ojos cerrados para continuar la historia que estaba soñando. Pero abro los ojos y se me olvida toda la historia. Maldigo al sol y sigo acostada mirando el techo.

12:30 hrs.
Sigo acostada. En una hora más saldré del colegio. Comienza a hacer calor lo que me obliga a destaparme. Sigo acostada.

lunes, 23 de marzo de 2009

Palomas


Me he hecho muy mala fama entre las palomas, si hasta han llegado a estornudar frente a mí sin taparse el pico con las alas y no sé por qué.

miércoles, 18 de marzo de 2009

El orden de la sabana


Mordía que mordía coco rayado doña Jirafa en medio de la sabana. «¿De dónde sacó coco en la sabana?» y aun más, «¿Dónde lo consiguió rayado?» se preguntan los lectores, pues del minimarket de don Rinoceronte. Quizás digan ahora «Esto debe ser una fábula o algo así», yo les contesto a ustedes, personas que leen, que no, esto es lo que ocurría de verdad en la sabana. Monsieur León fue a comprar carne incluso, porque las hienas peludas se habían dado cuenta que eran mayoría e hicieron valer la democracia y eligieron a la atenta Suricata como nueva presidente, aboliendo el régimen monárquico de los elegantes leones.

Don Rinoceronte hizo todo un estudio de mercado antes de instalarse con su minimarket: viajó y analizó mucho la sabana, hasta que concluyó que un costado de la laguna era el lugar indicado para comenzar su nuevo negocio, por todo el flujo de animales que había.

Pero volviendo a doña Jirafa, ella mordía coco rayado todo el día. Su adicción a esta fruta era tan fuerte que la señora de cuello alargado gastaba cuatro quintos del sueldo de su marido, don Jirafa, en coco rayado. Doña Jirafa contagió su vicio a casi todas las jirafas de la sabana. Frente a esta situación, don Rinoceronte quedó desabastecido de coco y tuvo que fabricar un coco trucho, sintético y alternativo que a las jirafas no les gustó. Los buitres aprovecharon la angustia jirafística y comenzaron a importar de manera ilegal coco y a venderlo al triple de su valor. Las jirafas adictas (la mayoría de éstas eran jirafas hembras) compraron el coco, endeudando de manera ridícula a sus maridos, porque ocuparon las tarjetas de los machos que, disgustados y desenamorados de sus esposas, se divorciaron todos, colapsando el registro civil. Esta situación conmocionó a la iglesia Cocodrílica, que ya estaba histérica por la democracia. Los cocodrilos no sabían qué hacer para que el matrimonio se mantuviera de por vida y exigieron a la presidente Suricata que prohibiera el divorcio, pero la atenta Suricata no se dejó convencer por los señores del cocodrilicismo, porque Suricata quería una sabana laica.
El tema de revuelo mayor fue que las deudas de los endeudados ex-esposos jirafas, fueron traspasadas a los verdaderos deudores, en mayoría, a las señoras jirafas. Como las jirafas no tenían ahorros, les embargaron las manchas para pagar parte de la deuda y quedaron amarillas por completo.

Así pasaron los años y los animales comenzaron a inscribirse en los registrso electorales. Ya no eran las hienas las únicas que votaban. La Suricata no se postuló para las elecciones, pero Enrique Cebra y Sebastián Hipopótamo son los candidatos, parecen justos. Don Rinoceronte ganó un premio como el emprendedor de la sabana, se volvió extremadamente capitalista, importó tecnología humana y se transformó en multimillonario, pero los elefantes extremistas lo mataron en un atentado. Las jirafas volvieron a comer hierbas... hierbas envasadas.

Arte


Pico pal' que lee...

Dar


El tipo se sentó en la escalera de los que esperan, tenía frío, yo me acerqué con la llama que calienta con el fin de compartirla con él. Yo tenía hambre y él me dio pan, la espada que alimenta y que lucha contra la hambruna. Nos queríamos conocer, por eso iniciamos una conversación que revela... que nos revelaba.
Al rato llegó su cita, la mujer que ama. Nos despedimos de un beso y me quedé solo en la escalera de los que esperan, pero no tenía hambre ni frío.

La niña del metro


Para Francisca Barraza y su ausente Azul


Cri cri (entiéndase como la onomatopeya del grillo y señal de silencio)... miradas por aquí... cri cri... miradas por allá... Estación. Precaución con el cierre de puertas. La gente contaba las lucecitas azules del túnel, otras escuchaban las canciones que más les agradaban, pero las escuchaban solas con sus audífonos (mecanismo fomentador de individualismo esquizofrénico), pues no notaban por su egoísmo (que tampoco notaban) que habían personas lateadas y aburridas que necesitaban una inyección de música. Había una muchacha leyendo un grueso libro, de esos que toma varias semanas leerlos en una agitada vida, con sus lentes de muchacha. En un rato me enteraría que esta chiquilla se llama Francisca.
Cri cri... silencio muerto sólo por el ruido del tren subterráneo, pues en el vagón nadie hablaba... Siguiente Estación. La muchacha detuvo su lectura y se movió al fondo del vagón. Yo, que divagaba entre ilusiones, ideas e imaginaciones, veía a la muchacha y no me la imaginaba en otra situación que no fuese leyendo, se me vino una historia a la cabeza y aproveché que ella se sentó en el piso para sentarme, casi a su lado, para mirarla y seguir inspirándome. Desenvainé mi fiel libreta y mi lápiz comenzó a escupir palabras. Como yo la miraba mucho, ella me quedó observando y me dijo hola, ganándome la palabra que estaba a punto de pronunciar. Hubo una conversación de tres estaciones y nos bajamos en la estación terminal. Antes de despedirnos le pedí su correo electrónico (Siglo XXI, tecnología), me lo anotó en mi libreta y me dijo 'Ahora todo está en tus manos'. Fue una circunstancia mágica, a pesar de la cotidianidad, en la que conocí a Francisca.


Cine, eso es lo que estudia, porque le gustan los momentos, como el hecho de estar conversando en un parque y que cayera una hoja de la rama frente a nosotros (me gustan sus fotos), y encontró atractiva la idea de inmortalizar esos momentos y situaciones, por lo menos eso es lo que entendí de sus motivos. Cuando fuimos a ver una no muy buena obra de teatro se le rompieron sus lentes de manera misteriosa, por lo que he visto sus ojos de manera más directa.


Lo que sé de ella es que vive al otro extremo de Santiago (como suelen vivir las Franciscas) y que en este instante, mientras escribo esto, está en Cartagena y me encomendó escribirle algo. El problema con su petición es que calló mi inspiración, como cuando tienes que hacer un regalo y no sabes qué regalar, incluso creo que esta es la misma situación. Además se me ocurrió leer poesía en una biblioteca antes de comenzar a escribir y más embobado quedé. 'Es olvido' no es un buen poema para leer antes de escribirle algo a una amiga, no por el contenido del poema (o tal vez sí), sino por la situación en la que te logra ubicar.
¿Por qué le escribo a Francisca aunque no se me ocurre algo decente? Creo que ella tiene la cualidad de atraer circunstancias (me siento identificado con eso), también creo que ella no se da cuenta de esta cualidad, quizás ahora lo medite, ya que se lo menciono.
En fin, me doy cuenta que cuesta escribir algo cuando te lo propones, pero en mi país se hace todo lo posible para lograr algo, aunque no sea necesario.

sábado, 14 de marzo de 2009

Pecados


Hijo mío, en realidad no sé quién inventó eso de los pecados... No mentir, ¡Bah!, si supieran que pituteo como fabricante de mentiras, es un negocio excelente, de otra manera no me alcanzaría para mantener a la Tierra girando feliz, esa mujer colapsa mi tarjeta de crédito divino. Y para qué hablarte de los otros pecados, piensa en lo fome que sería la vida si yo de verdad quisiera que cumplieran esos diez mandamientos. ¿A quién se le habrá ocurrido esa tontería?
Pero en fin... la gente siempre ha estado loca.

Los Fumadores


Asesinos de colillas que medio pisan a sus víctimas dejándolas agonizando entre cenizas.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Idea Constructiva


Idea, según mi amiga RAE en su primera acepción (que es la que tiene que ver con nuestro contexto), es 'el primero de los actos del entendimiento, que se limita al simple conocimiento de algo'. Por lo tanto mi tortuga Esmeralda sí puede tener ideas.
Constructiva es un adjetivo que, según la siempre dispuesta RAE, significa 'que construye o sirve para construir, por oposición a lo que destruye'. Ahora, tomando en cuenta que el verbo construir (de acuerdo con lo que dice la RAE) es 'fabricar, edificar, hacer de nueva planta una obra de arquitectura o ingeniería, un monumento o en general cualquier obra pública' en su acepción número uno y las otras acepciones tienen que ver con la gramática, fíjate que una idea no puede ser constructiva (pues dejemos las metáforas y vayamos a la realidad). Aun no logro ver a tu 'idea constructiva' construir algo, así que no te molestes y me discutas por comparar tus ideas con las de mi tortuga, pues por definiciones tus ideas son igual de nada constructivas como las de mi tortuga.

lunes, 9 de marzo de 2009

Quiero escribirles


A todas las Dulcineas que eran amadas sin saberlo
Aquellos Miguel Strogoff que sus lágrimas los salvan de la ceguera
A Babieca que su fama y capacidades, sólo se mostraron al mundo gracias a la fama y capacidades del que en buena hora ciñó espada
Me gustaría escribirles algo a ellos y a muchos más... pero no se me ocurre qué
Quizás algo donde todos mueran al final, al estilo de William, aunque no sé qué sentido tendría
Talvez, mostrarles que ese era su destino y que no les podía pasar otra cosa, como me lo mostró un par de libros de Sófocles
Escribirles que no son reales, que cuando despierte el rey de corazones (o dios) dejarán de existir
Mejor sería, probablemente, lanzar un escuadrón de palabras y se ubicaran en una blanca o amarilla hoja al azar y que tomaran sentido por sí mismas y por nadie más
¿O si les escribo algo simple, sin palabras que no serán necesarias?
Pero... no puedo escribirles, porque no se me ocurre qué
Y si creen que sí... no sé por cuál decidirme

Fardo

Cuando yo era pequeña, pensaba que los bebés venían de una fábrica ubicada en la selva, donde los animales buscaban frutas y pequeños mamíferos para alimentar un monstruo que estaba dentro de la factoría para que éste, una vez que adquiría la suficiente energía, pudiera expulsar bebés de todos los sabores y colores por sus ojos. Luego, hacían pasar a los bebés recién expulsados por una cinta transportadora y los clasificaban según sus características físicas, les estampaban los dedos y los ojos con una marca irrepetible para identificarlos, les enseñaban a llorar y los metían dentro de jaulas, en las que viajaban y eran distribuidos a las tiendas importadoras de bebés, llamadas hospitales, para que los padres pudieran obtenerlos a cambio de una panza de mujer.

Mi familia nunca me hablo las cosas como eran; un grito de mi madre en la cena nos callaba a todos, en especial a mi padre, que siempre trataba de empezar una conversación que no le gustaba a mamá.

Mamá nunca dejó que me alejara de ella, siempre tenía que estar a una distancia a la que yo viera su vestido, por lo que pensaba que ella no podía mirarlo y tenía miedo de que se lo robaran sin que se diera cuenta. Creo que fui la mejor cuidadora de faldas que ha existido en la historia, porque mi mamá me premiaba comprándome faldas muy lindas, según ella. Tampoco le gustaba que viera televisión, que mirara revistas, que escuchara la señal abierta de la radio, que le hiciera caso a las palabras que me contaban los hermanos de mi padre, pues en esas cosas había maldad, porque el diablo había metido sus cuernos.

Mi vida escolar de infancia está marcada por la gran cantidad de sanes, santas, santísimos, pusimos, benditos y sagradas grabados en las paredes de los pasillos y las salas. Siempre tuve la duda de cuántos Jesús existían, si era un tipo de muñeco coleccionable, porque habían muchos en la escuela y todos tenían distinto rostro. Cuando le pregunté a mi madre, me dio una bofetada y me castigó por insolente. Así aprendí que habían cosas que no se preguntaban y que debían callarse.

Entrando a mi pubertad, luego de pasar por esa escuela de monjas, mi padre convenció a mi mamá que necesitaba una mejor base y que no debía imponerme ser monja, porque si yo quería, con el tiempo, sola seguiría el camino de Dios, por lo que ntré a una tradicional escuela de señoritas. En este lugar descubrí cosas que no había experimentado antes, pues en mi infancia consideraba la práctica de estas cosas algo insanas e impúdicas, o simplemente desconocía de su existencia:

Recuerdo que la masturbación fue para mí el boleto a placeres que mi cuerpo deseaba con fervor y que, mi tardío descubrimiento de este arte manual, provocó una dependencia enfermiza que llevó a que todas mis compañeras de curso me llamaran ‘pajera’, yo no entendía sus bromas, pues era una muchacha que aun estaba encerrada en una burbuja de inocencia. Cuando la profesora jefe se dio cuenta de esta situación, me mandó a orientación, donde la rubia Milena (la orientadora) me educó sexualmente abriéndome los ojos. Así dejé de masturbarme tan seguidamente y lo hacía sólo cuando estaba aburrida y sola en casa.

Los hombres me llamaron muchísimo la atención, nunca había conocido tipos de mi edad, mi madre los espantaba, y verlos por montones parados fuera de la escuela me ponía nerviosa. Mis compañeras tenían mucha experiencia tratando con ellos e incluso presencié un beso por primera vez. Mis compañeras, a menudo me llamaban para que las acompañara con sus amigos; «Fardo», me llamaban (había ganado ese sobrenombre porque decían que yo estaba mayoritariamente compuesta de paja) «ven, te quiero presentar a un amigo». Yo no era muy comunicativa, no sabía el truco para mantener una conversación, además, me pasaban muchas cosas por la mente al estar con un jovencito, ya que la rubia Milena me hubiese puesto al tanto de lo que era el sexo (a esa altura ya había descubierto de donde venían los bebés realmente). Los muchachos siempre se aburrían de mí.

Así viví tímidamente hasta los quince años, cuando mi madre, luego de la insistencia de mi padre, me permitió ir sola a la escuela; el bus de camino a la escuela era un mundo nuevo para mí: tanta gente viajando apretada, rozándose unos con otros, escolares de ambos géneros, claramente era algo novedoso.

Al principio no me di cuenta, pero un día cuando que me encontré con una compañera en el bus, esta me hizo notar que había un joven que me miraba mucho. Era un muchacho atractivo, de cabello castaño, ojos claros, alto, vestía un uniforme escolar de la clásica camisa blanca y pantalones grises, con la corbata bien puesta. «Está bien rico» me dijo mi compañera y yo confirmé su afirmación, «Pero es nerd» terminó por decirme y nos bajamos del bus.

Durante un tiempo, noté que siempre estaba en el autobus que yo tomaba y eso me pareció algo raro y psicópata. Todo el camino me miraba y cuando yo lo observaba, él se hacía el desentendido y miraba a cualquier otra parte. En el fondo, igual me atrajo y lo encontré tierno.

Al mes de haberme dado cuenta de su existencia, él se envalentonó y se me acercó a hablar. Me dijo hola con una voz de notorio nerviosismo y yo le contesté de una manera similar, me dijo que se llamaba Nelson entre tartamudeos que me dieron risas. En poco tiempo nos volvimos amigos.

En septiembre, Nelson se me declaró y a la semana, estábamos librándonos de nuestra castidad (perder la virginidad fue algo doloroso, pero el placer opaca el dolor). Su casa era el lugar de encuentro después de clases, pues sus padres trabajaban hasta tarde. Siempre nos juntabamos en el parque que quedaba cerca de su colegio y llegabamos casi corriendo a su cama en el segundo piso.

Cuando le comenté acerca de mi relación a la rubia Milena, lo primero que me preguntó fue si nos habíamos cuidado. El monstruo alimentado de frutas y pequeños mamíferos se volvió un puf y el ñaca ñaca que me contó Milena apareció de repente, pensé en mi madre y me asusté, los didácticos condones que me habían dado Milena no estuvieron, o sea, estuvieron en mi mochila, pero se me olvidó sacarlos. Milena, al instante me tomó de la manó y me llevó a comprar un test de embarazo (en realidad compramos seis test distintos). Me llevó a su casa y me dijo cómo funcionaban. Positivo era la respuesta que se reiteraba. Milena empezó a hablarme mil cosas que no recuerdo, algo sobre su apoyo, creo.

Llegué a mi casa devastada y fui directo a mi habitación. Mi madre comenzó a gritarme por no haberla saludado y se me vinieron a la mente todos sus proyectos de su hija virgen subiendo al altar. Entre mis llantos, me dio risa lo irónico que eran esos comentarios matenos cuando veía a jovencitas de bajos recursos o a mis compañeras con sus amigos: «¿Dónde están las madres de esas niñas? ¿Acaso no saben que serán madres adolescentes?», pero dentro de toda esa mescla de sentimientos, tenía miedo de mi madre, miedo de contarle sobre mis encuentros sexuales desenfrenados que derivaron en un embarazo no deseado pero buscado. Recordaba todos los valores religiosos que me había inculcado desde pequeña. En ese momento, mi decisión fue fácil; me tragué mis lágrimas y bajé a saludar a mamá que seguía gritando. Al otro día iría a hablar con Nelson.

A la mañana siguiente, Nelson estaba en el bus como siempre, yo le dije que teníamos que hablar y él me dijo que lo haríamos después de clases en su casa. Cuando llegué a la casa de Nelson, lo miré a los ojos y le dije «Estoy embarazada», él me respondió con lo que Milena me había dicho que contestaría, un tonto y predecible «¿Estás segura?». Me causó gracia su respuesta y él pensó que yo estaba bromeando, entonces volví a mi seriedad y saqué de mi mochila los test de embarazo. Nelson quedó callado, miraba los test, leía sus cajas que decían el porcentaje de error de los aparatitos. Finalmente me miró y me dijo:

—Te llevaré a un ginecólogo, para estar seguros.

—¿Cuándo?— le pregunté.

—Ahora.

Esa fue toda nuestra conversación hasta que llegamos a una clínica. Entramos a una sala y no tuvimos que esperar, había un señor bonachón sentado en su escritorio de doctor.

—Te presento a mi padre— me dijo Nelson con una voz casi muerta. Luego alzo la voz —Papá, ella es mi novia.

Yo no sabía qué hacer, no es muy agradable pensar que el padre de tu pareja verá tu vagina y te confirmará si estás embarazada.

—Bien— dijo el papá de Nelson— ya me imagino por qué están acá.

Miró severamente a Nelson, quién bajó la mirada. Luego llamó a Sofía, su enfermera, quien me explicó todo el procedimiento y me preparó para ser examinada.

Después de que introdujera una cámara fálica, me hizo mirar una pantalla y el papá de Nelson me dijo «siete semanas», nada más y me mandó a vestir. Llamó a Nelson para hablarle afuera.

—¿Eres estúpido o qué?— comenzó a gritar el padre al hijo— ¿Te das cuenta de los problemas que le has ocasionado a esa jovencita? ¿Acaso no te alcanza el dinero que te doy para comprarte condones?, eres un pendejo de dieciséis años, ¿Cómo no piensas? ¡Claro!, como a ti no te crece la panza, no te importó.

—Disculpa papá— escuché a Nelson decir a penas.

—¿Y qué me pides disculpas a mí?, acá no hay que pedirle disculpas a nadie, ambos fueron unos pendejos calientes que se descubrieron vieron que tú tenías un palito y que encajaba justo en el hoyito de la muchachita y no pudieron aguantar las ganas de jugar a ensamblar. ¿Te apuesto que lo hiciste en el sofá?, no me cabe en la cabeza la idea de que mi hijo no sepa que una tarde de semen en pareja puede provocar un embarazo— cuando dijo esto, entró a sala y comenzó a retarme— Y tú no creas que toda la culpa es de mi hijo, porque tú ya estás bien grandecita como para saber cómo se hacen los bebés y lo que implica tener uno a tu edad. ¡Por los dioses! Acaso la juventud no conoce la palabra precaución— Se quedó mirando a Nelson— Mereces un castigo, jovencito —pensó un rato— Tú serás el que le dirá a los padres de esta niña que está embarazada, que tú la embarazaste y tienes sólo una semana de plazo o yo mismo iré y se lo diré.... y no hay salidas por nueve meses, sólo te excusaran motivos del embarazo de la joven— cuando dijo esto, nos expulsó de su sala y siguió gritando a Sofía— ¿Cómo no piensan en las consecuencias?, sabes todos los problemas que esa niña tendrá en la escuela y la discriminación, no sabes cuantos prejuicios existen hacia las adolescentes embarazadas…

Salimos de la clínica y comenzamos a caminar sin rumbo.

—Nos hemos metido en un gran problema— le dije a Nelson sólo por decir algo

—Vamos ahora a hablar con tus padres— me contestó. Yo quedé pálida, tenía mucho temor a mis padres, de su reacción. Luego de meditarlo un rato, le dije a Nelson que eso sería lo mejor.

Cuando llegamos a mi casa. Mi madre me miró enojada, era la primera vez que llevaba a un hombre a la casa y sabía que explotaría cuando le dijera la noticia.

—Mamá— le dije con un tono de voz apaciguador— él es mi novio, Nelson.

Mi mamá saludo a Nelson mostrando su molestia en un cínico hola. En ese instante apareció mi papá y gritó:

—Hasta que decidiste traer a un muchacho, ya pensaba que eras una desadaptada

—Señores— dijo Nelson muy cohibido.

—Dime suegro— dijo mi papá con ese tono que me parece simpático.

—Eh… Suegros, vengo a decirles una noticia— cuando Nelson dijo esto, sentí unos enormes deseos de morir por combustión espontánea— Su hija está embarazada y yo soy el padre. No tuvimos que esperar un momento ni aguantarnos silencios molestos, porque mi mamá a estaba gritando:

—¡Cabro de mierda! ¡Cómo se te ocurre embarazar a mi hijita! Ella era una santa…

Mi mamá comenzó a gritar tantas cosas que no recuerdo todos los insultos que emanaron de su boca, creí que iba a golpear a Nelson. Mi padre trataba de calmarla diciéndole «Amor, relájese». Una situación muy cómica si me lo preguntan.

—¡Amor!— gritó finalmente mi padre y hubo un silencio— vaya a la pieza, yo hablaré con los muchachos— mi mamá se negó, pero mi padre siempre ha tenido el don de disuadirla.

Primero nos vio a ambos por un rato, nos pidió que nos sentáramos y dijo:

—Seré bien sincero. No te culpo a ti muchacho por lo que pasó, sino a ambos y me parece que fuiste muy valiente al darnos tú la noticia. —Siempre me ha gustado la forma de ser de mi padre, no sé cómo se casó con una mujer como mi madre— Hija, tu castigo te lo dará tu propio cuerpo, pues ya quedarás como si te hubieras tragado un enorme balón, te enfrentarás al caos hormonal y tendrás parto natural. Tú jovencito, te castigará mi propia hija con todo lo que implican las manías, obsesiones, antojos y etcéteras que trae un embarazo consigo. Ahora no se me ocurre una llamada de atención o un castigo más elaborado, pero cuando lo planifique, tendrán lo que merecen.

Después salió mi mamá llorando de la cocina y mi padre nos mandó a dar un paseo.


—Bueno, esa es mi historia sexual y así es como me embaracé. Ahora tengo seis meses y una bola en la guata, dentro hay un humanoide pequeñito que se come parte de mi comida y que me patea el útero para incitarme a hacer cosas. Ahora entro a la escuela y veré cómo viviré con estos kilos redondos que subí en vacaciones.

—Ya veo, Fardo.

viernes, 6 de marzo de 2009

Pinocho


Honestamente, le estoy mintiendo ahora... disculpe, era mentira.

Hohloki


El twístico hombre que hace algunos días trajo la opitulación, hoy tciëado o rapastuñando como los ayerísticos días donde el druico sol yo brillaba todo entero. Mí, cowellu en ser tú, miltor alegre día a día, acaeció entonces que trinto e impertérrito, sin sentido dlístico o coherente, las letras tlararon de nuevo sin sentido y el nació Hohloki y el twístico, no más fue twístico, sino, roscodo y austero, y recurría a letanías frumbradas que eran escuchadas por un solo ser, nadie. Y yorkaron fiamburosos y richiwados en pleno solsticio invernal y las derramadas por el hombre nunca fueron ciñalidas y eä, eü, uï y oôik no compra a Hohloki el poder que druico y febril se despertaron y abrió y habrío y dondrag rodó por donde no Hohloki a las subiría nubes.
Hohloki ahora ya no le importan los ayes y nada tiene que brentir a la twistería, pues los diccontwe ya no están en reino de Hohloki.

Asesino del Silencio


Maté al silencio con el ruido de mi respiración... aguanté mi vicio respiratorio con el torpe deseo de sentir vivo al silencio otra vez, pero el incesante latir de la sinergia de ventrículos y blasfemias procuraba que mi único amigo, el silencio, no tuviese la oportunidad de resucitar. Entonces comprendí la noticia con sabor a hiel: debía morir yo para que mi amigo pudiese renacer.
Con la tortura en mi mente, traté de buscar otra solución, yo no quería morir, quería vivir junto al silencio. Volé de nube en nube, nadé de mar en mar, visité cada dimensión, pero no encontré el elixir para traer de vuelta al señor del reino sin ruido.
Los silenos se compadecieron de mí y arregláronme una cita con Morfeo. Morfeo me explicó que la muerte era un sueño más poderoso de lo que él podía controlar y que nada podía hacer. Me dijo que buscara a un dragón y que fuera a los Tártaros por si algún inframundano tenía una solución a mi problema. Fui por una dríade para que me cediera un dragón de su bosque, pero ella no quiso arriesgar a sus alados acompañantes.
Luego de mi depresión por desilución, el sopor me ganó y me di cuenta de algo nuevo: El silencio fue algo efímero y que no volverá hasta que la vida se acabe en la Tierra. En ese instante, Gaia se apareció frente a mis desesperados y confundidos pensamientos y evitó que atentara contra la vida, llevándome a caminar por sobre su creación y, con una copa de ambrosía en su mano, me explicó que el silencio había muerto con el destino en el momento en que Cronos era un niño y todo cobró vida, pues ambos eran innecesarios y ya no servían.

Mi obsesión era por nada... no soy un accidental asesino.

Ver solo en risas


Me dio mate en la noche
Medio mate hoy sin luz

Me dio fuego en las sombras
Medio fuego en la cruz

Un recibo por las penas
Un re silbo mar azul

Hoy salvé otros mil cuerpos
Hoy sal veo en la paz

Paz salada inalcanzable
Paz alada al caminar

Lloro triste en las tinieblas
Yo oro encuentro en tu mirar

Me dio pena el encontrarte
Medio verso al descansar.

Papel


Quedo con ganas de escribir y no se me ocurre nada
El lápiz se cansó de mí y de mis lastimeras palabras
Los escritos quieren autoridad de poesía y yo quiero inspiración
Las rimas fluyen despertando de su letanía que mi corazón les dió.
Ahora acuden sin llamarlas, tal como acude Dios o como acudiría un superhéroe ante el desconsuelo.

Mi lápiz, esta hoja barniza con tinta azul, es sólo tinta azul, pero por más que veo, no dejo de ver palabras. No hay objetivismo en el mirar.

domingo, 1 de marzo de 2009

Nota para antes de partir


La historia de mi vida es fácil de leer, es cosa de desadaptarse para comprenderla.
La cuestión es atreverse para ser y salirse del sendero para encontrar la aventura de un paisaje.
Mi idea es dejar volar al pájaro azul sin romperme el cráneo, asumiendo todas las consecuencias que esto podría significar.
No vivimos en un túnel, todas las personas están ahí, háblales y verás. La gente no te entenderá, pues está muy ligada a lo que tienen y temen perder o ganar algo, pero siempre hay alguien que no es gente y te sonreirá.