miércoles, 18 de marzo de 2009

El orden de la sabana


Mordía que mordía coco rayado doña Jirafa en medio de la sabana. «¿De dónde sacó coco en la sabana?» y aun más, «¿Dónde lo consiguió rayado?» se preguntan los lectores, pues del minimarket de don Rinoceronte. Quizás digan ahora «Esto debe ser una fábula o algo así», yo les contesto a ustedes, personas que leen, que no, esto es lo que ocurría de verdad en la sabana. Monsieur León fue a comprar carne incluso, porque las hienas peludas se habían dado cuenta que eran mayoría e hicieron valer la democracia y eligieron a la atenta Suricata como nueva presidente, aboliendo el régimen monárquico de los elegantes leones.

Don Rinoceronte hizo todo un estudio de mercado antes de instalarse con su minimarket: viajó y analizó mucho la sabana, hasta que concluyó que un costado de la laguna era el lugar indicado para comenzar su nuevo negocio, por todo el flujo de animales que había.

Pero volviendo a doña Jirafa, ella mordía coco rayado todo el día. Su adicción a esta fruta era tan fuerte que la señora de cuello alargado gastaba cuatro quintos del sueldo de su marido, don Jirafa, en coco rayado. Doña Jirafa contagió su vicio a casi todas las jirafas de la sabana. Frente a esta situación, don Rinoceronte quedó desabastecido de coco y tuvo que fabricar un coco trucho, sintético y alternativo que a las jirafas no les gustó. Los buitres aprovecharon la angustia jirafística y comenzaron a importar de manera ilegal coco y a venderlo al triple de su valor. Las jirafas adictas (la mayoría de éstas eran jirafas hembras) compraron el coco, endeudando de manera ridícula a sus maridos, porque ocuparon las tarjetas de los machos que, disgustados y desenamorados de sus esposas, se divorciaron todos, colapsando el registro civil. Esta situación conmocionó a la iglesia Cocodrílica, que ya estaba histérica por la democracia. Los cocodrilos no sabían qué hacer para que el matrimonio se mantuviera de por vida y exigieron a la presidente Suricata que prohibiera el divorcio, pero la atenta Suricata no se dejó convencer por los señores del cocodrilicismo, porque Suricata quería una sabana laica.
El tema de revuelo mayor fue que las deudas de los endeudados ex-esposos jirafas, fueron traspasadas a los verdaderos deudores, en mayoría, a las señoras jirafas. Como las jirafas no tenían ahorros, les embargaron las manchas para pagar parte de la deuda y quedaron amarillas por completo.

Así pasaron los años y los animales comenzaron a inscribirse en los registrso electorales. Ya no eran las hienas las únicas que votaban. La Suricata no se postuló para las elecciones, pero Enrique Cebra y Sebastián Hipopótamo son los candidatos, parecen justos. Don Rinoceronte ganó un premio como el emprendedor de la sabana, se volvió extremadamente capitalista, importó tecnología humana y se transformó en multimillonario, pero los elefantes extremistas lo mataron en un atentado. Las jirafas volvieron a comer hierbas... hierbas envasadas.

No hay comentarios: