miércoles, 18 de marzo de 2009

La niña del metro


Para Francisca Barraza y su ausente Azul


Cri cri (entiéndase como la onomatopeya del grillo y señal de silencio)... miradas por aquí... cri cri... miradas por allá... Estación. Precaución con el cierre de puertas. La gente contaba las lucecitas azules del túnel, otras escuchaban las canciones que más les agradaban, pero las escuchaban solas con sus audífonos (mecanismo fomentador de individualismo esquizofrénico), pues no notaban por su egoísmo (que tampoco notaban) que habían personas lateadas y aburridas que necesitaban una inyección de música. Había una muchacha leyendo un grueso libro, de esos que toma varias semanas leerlos en una agitada vida, con sus lentes de muchacha. En un rato me enteraría que esta chiquilla se llama Francisca.
Cri cri... silencio muerto sólo por el ruido del tren subterráneo, pues en el vagón nadie hablaba... Siguiente Estación. La muchacha detuvo su lectura y se movió al fondo del vagón. Yo, que divagaba entre ilusiones, ideas e imaginaciones, veía a la muchacha y no me la imaginaba en otra situación que no fuese leyendo, se me vino una historia a la cabeza y aproveché que ella se sentó en el piso para sentarme, casi a su lado, para mirarla y seguir inspirándome. Desenvainé mi fiel libreta y mi lápiz comenzó a escupir palabras. Como yo la miraba mucho, ella me quedó observando y me dijo hola, ganándome la palabra que estaba a punto de pronunciar. Hubo una conversación de tres estaciones y nos bajamos en la estación terminal. Antes de despedirnos le pedí su correo electrónico (Siglo XXI, tecnología), me lo anotó en mi libreta y me dijo 'Ahora todo está en tus manos'. Fue una circunstancia mágica, a pesar de la cotidianidad, en la que conocí a Francisca.


Cine, eso es lo que estudia, porque le gustan los momentos, como el hecho de estar conversando en un parque y que cayera una hoja de la rama frente a nosotros (me gustan sus fotos), y encontró atractiva la idea de inmortalizar esos momentos y situaciones, por lo menos eso es lo que entendí de sus motivos. Cuando fuimos a ver una no muy buena obra de teatro se le rompieron sus lentes de manera misteriosa, por lo que he visto sus ojos de manera más directa.


Lo que sé de ella es que vive al otro extremo de Santiago (como suelen vivir las Franciscas) y que en este instante, mientras escribo esto, está en Cartagena y me encomendó escribirle algo. El problema con su petición es que calló mi inspiración, como cuando tienes que hacer un regalo y no sabes qué regalar, incluso creo que esta es la misma situación. Además se me ocurrió leer poesía en una biblioteca antes de comenzar a escribir y más embobado quedé. 'Es olvido' no es un buen poema para leer antes de escribirle algo a una amiga, no por el contenido del poema (o tal vez sí), sino por la situación en la que te logra ubicar.
¿Por qué le escribo a Francisca aunque no se me ocurre algo decente? Creo que ella tiene la cualidad de atraer circunstancias (me siento identificado con eso), también creo que ella no se da cuenta de esta cualidad, quizás ahora lo medite, ya que se lo menciono.
En fin, me doy cuenta que cuesta escribir algo cuando te lo propones, pero en mi país se hace todo lo posible para lograr algo, aunque no sea necesario.

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