miércoles, 20 de mayo de 2009

A la sombra: hoy... no muero yo.


Dos sombras se encontraron
en cierta granja del sur
Se sacaron las chupallas

desenvainaron las guitarras
Y la primera blasfemó:


Mercenario sin sentido
¡Eso es lo que soy!
trabajo sin descanso
y no valoran mi profesión

¿No recuerda ese bruto
que al nacer me contrató?

Le mostraría mi cansancio
pero hasta sudar se me prohibió

¡Chupalla! Si ya no recuerdo
qué saco con esta cuestión
vivir siguiendo a un pobre tipo
que ni se acuerda que atrás de él... voy yo

¡Ay! Si supieras tonta sombra
lo que me toca es aun peor
yo no soy sombra de un hombre
sino del mismísimo dios.

¿Pero qué hay de malo en eso?
Me imagino que debe ser lo mejor
¡Ser sombra del mandamás!
Quién no quisiera tu profesión

No sabes lo que dices
peor trabajo nunca existió
En un principio era muy fácil
ser la sombra del patrón

pero los tiempos han cambiado
ya no
hay lujos ni confort
porque mi dueño creó al hombre
y con él, mi problema comenzó

pues a cada hombre que creaba
parte de mí le concedió
(incluso tú eres sombra de mi sombra)
pero te juro que eso no me molestó

Tanto hombre que había creado
que a todos él me repartió
y como sin sombra no hay vida

mi dueño agonizante terminó

Sobre una nube está él ahora
y el hombre toda su fe perdió
porque milagros no puede hacer el enfermo
si hasta su existencia se negó

¿Ahora entiendes mi problema?
No es tan genial ser sombra de dios
cada día empeora todo
su vida y mi situación

Ahora déjame decirte
Menos hombres, más yo

y por ende más dios

Discúlpame por esto
pero tienes muchas quejas
así que despídete de tu vida

y de tu aburrida profesión.


Así la que le teme a la muerte
dejó otra guitarra sin sombra
pero está justificada
porque fue en el nombre de dios...

Ocupando los sentidos: Vista

Dos ojos no bastan para ver lo que pasa
Pero unos lentes oscuros
Son suficientes para cubrir mis ojos
De las miradas de otros

Un sol no basta para iluminar un mundo
Pero una noche sin estrellas y sin luna
Es suficiente para dejar todo a oscuras

Entonces
Si mis ojos no lo ven todo
Como el sol no ilumina todas las cosas
Reconozco que mi mirada es como un sol sobre el mundo

Si el sol pestañeara
Un único parpadeo
Moriría todo
Todo a los ojos de todos
Pues nada veríamos

Mas, lo que vemos no es todo lo vivo
Mas, lo que no vemos no es todo lo muerto
¿Quién dice si la brisa vive o no?
¿Quién dice si las sombras viven o no?
¿Quién dice que la vida y la muerte son sólo cosas abstractas?

Ayer paseando sobre el trumao, vi a un arriero discutiendo con su vida. Más tarde, me lo encontré charlando con su muerte, mateando. Escuché a su muerte aconsejándolo y le pedía que se reconciliara con su vida.
Las ventajas de observar

'Eres muy observador, yo no noto esas cosas'
Yo tampoco las noto
Pero sin querer las veo.

Ojos que no ven
Hacen que el corazón sienta
Ojos que realmente ven
Hacen que todo sienta.

domingo, 17 de mayo de 2009

La cima




"Cuidando del final como del principio,

ninguna obra se perdería."

Tao Te King


En un hoyo, en eso estoy, en el más profundo hoyo. No se puede llegar más bajo, de eso estoy casi seguro. No sé cómo llegué aquí, pero aquí estoy, encerrado entre riscos, está húmedo y frío, lleno de gente oscura. Veo hacia arriba y noto que hay luz, creo que si llego allá, a la claridad, tendré más posibilidades de sobrevivir. Por ahora, aquí abajo tengo agua y comida, por lo que puedo mantenerme vivo. Aunque estoy rodeado de gente, me siento solo. Las personas de este lugar son simples, no como las que me muestran las revistas que caen de la cima, porque esas revistas me han ilusionado con el exterior de este risco: me dicen que arriba hay comodidades, confort, comida más que digerible, no como la porquería que hay en este lugar, allá no hay sufrimiento y todo es fácil. Después de crearme metas, me he animado a escalar. (¡Imagínense! Yo entre la gente de las revistas, comiendo esos manjares, dueño de las cosas que existen sólo en ese lugar)
A medida que recorro este agujero, noto que mi familia también está acá, me dicen que siempre hemos estado en este lugar, pero nunca había notado lo bajo que estábamos. Cuando uno es niño no nota esas cosas, vive solamente, no te das cuenta que has nacido en un hoyo. Ahora, como me percato de todo, quiero escalar. Toda la gente en este hoyo quiere escalar, quiere llegar arriba, donde se vive bien y sin problemas (pues acá hay muchos problemas, es cosa de abrir los ojos y de ir a darse una vuelta). ¿Quién querría estar acá, cuando se sabe que hay algo mejor?

Me han dado muchas claves para comenzar a escalar, trucos, tácticas. Mi familia me apoya en esta misión, quieren que llegue arriba. Mis padres me dicen que toda su vida se han esforzado para que mis hermanos y yo podamos algún día estar allá, donde ellos no llegaron, alto. No los puedo defraudar. Luego de estudiar y recibir las herramientas que necesitaba, comencé mi ascenso. Al principio fue muy fácil, pues un amigo de la familia vivía a un cuarto del camino a la cima y me introdujo de inmediato entre los suyos, me recibió cordialmente en su hogar, así estuve un tiempo en ese lugar del risco. A veces veía a mi familia abajo y la saludaba, pero yo estaba más arriba que ellos, no podía bajar a estar un rato con mis padres y hermanos o tendría que subir de nuevo.

Seguí escalando. Conocí a muchas personas que se habían quedado a vivir a mitad del camino, porque se habían cansado de subir o porque creían que no podían llegar más arriba. A la mitad del risco, me invadió la confianza, sabía que podía subir a la cima (por algo me preparé tanto, toda mi vida la invertí en conseguir los conocimientos necesarios par escalar). Ya casi no veía a mi familia y amigos que se habían quedado en el fondo del hoyo. Estaba muy alto, pero aun me faltaba camino por recorrer.

La subida era dura y cuando me faltaba un cuarto de camino para llegar a la cima y me cansé. Estuve muchos años sin completar mi camino. Aquí, era un lugar muy alto, veía cómo se iban las tinieblas, había más luz, cada vez había más confort, pero había algo que no me gustaba. A las gentes de mi pasado que habían quedado abajo, les lanzaba hojas con escritos para que supieran lo alto que estaba, necesitaba que supieran de mis nuevas amistades. Al final, esa sensación de incomodidad me ganó y tuve que dejar ese lugar. Pisoteando algunas espaldas, comencé a escalar otra vez.

Faltaba poco, iba a llegar a la cima. Las ansias de llegar me hicieron olvidar todo lo que había pasado: familia, amigos, el trabajo que hice, la gente que me sirvió para escalar. Sólo quería llegar arriba... Ya veía la luz, no habría más oscuridad, llegaba a lo más alto.

Finalmente, llegué a la cima. Con un último esfuerzo salí del risco y miré a mi alrededor, mas, no estaban las cosas que imaginé: La cima era pequeña y estaba rodeada de nada; no había un paisaje que apreciar; no había un horizonte, sólo vacío. Las personas de ese lugar no tenían cosas qué decir, no tenían algo para enseñarme. Comprendí que todos los conocimientos que existían eran para llegar a lo más alto, pero ahora estaba en la cima y aquí... Todas estaban sentadas alrededor de un trozo de metal que les daba de comer y les otorgaba las mejores comodidades. No estaban bien vestidas, eran bellas, sí, pero no como las revistas. No conversaban unas con otras. Yo me arrodillé y me puse a llorar. Recordé a mi familia, de cómo querían que llegara aquí arriba, según ellos aquí sería alguien mejor y viviría cómodamente, sin preocupaciones, no como allá abajo. ¿Por qué mi familia quería que yo sufriera? ¿Por qué me mintieron todos los de abajo? Yo lloraba, tenía una pena enorme, decepción, no veía ninguna cosa de las que me prometieron. Mi esperanza de hallar lo que durante todo el camino anhelé, había desaparecido.
Cuando sequé mis lágrimas y me acerqué al grupo de personas, me saludaron
no lograba ver sus ojos y comenzaron a hablar sobre el trozo de metal y de todo lo que esa cosa les brindaba, le agradecían por lo bien que vivían (¡Vivían! ¡Por todas las cosas, qué saben ellos de vivir!). Me comencé a enfadar. Noté que el agujero del cuál se salía del risco era más grande cuando se veía de la cima, porque cuando escalaba era diminuto y me había resultado difícil pasar por él. Cuando sus voces me fastidiaron, me encolericé y en mi desenfreno agredí a las personas (esas bellas personas), trataron de defenderse, pero yo los comencé a lanzar uno tras otro al agujero. Así, todos caían al hoyo, a lo más bajo. Cuando al fin había botado a la gente de la cima, tomé el trozo de metal y lo enterré, claro que antes escupí esa escoria.

Me quedé mirando hacia el agujero, pensé en lo estúpido que había sido en mi vida.


Cuando uno es niño, sólo vive, no siente frío, el dolor que te ocasiona una caída es momentáneo y se olvida pronto. Uno no anhela cosas, porque nada tiene más valor que jugar a las escondidas con otros niños. Las cosas no tienen valor, sino las acciones. Cuando uno es niño, no teme hasta que los grandes te inculcan miedos. Cuando uno es niño, no quieres subir, hasta que los grandes te convencen que tienes que hacerlo.


Miré por última vez el agujero desde la cima. A pesar de lo alto que estaba, logré ver a mi familia, vi a las mujeres que me habían atendido en el camino, vi los lugares que había recorrido, vi todo, que era nada. Miré fijo a mi familia, esa familia que ignoraba la realidad como era, esa familia que me impulsó a comenzar mi ascenso, esa familia que me mandó a un lugar que ellos desconocían, un lugar maldito, donde alcanzaría la felicidad, pero que únicamente me haría mal
quizás me hizo el mayor bien, después de todo me di cuenta de las cosas como eran ¡Qué pequeño era mi mundo!

Finalmente me alejé del borde del hoyo, caminé hasta el borde de la cima y me lancé al vacío.

A la sombra del jacarandá


Un jacarandá en medio de la vereda. A la sombra lila del árbol, una banca. Una calle amplia y poco transitada duerme al lado de la acera, boca abajo. Dos muchachos, amigos quizás, caminan de la mano de un helado y se sientan en la banca para aprovechar la sombra lila del jacarandá. Apenas devoran sus helados, Ignacio le dice a Jazmín:

He visto a varios ciegos hoy, nunca había notado que habían tantos.
Sí, son una plaga.

Hubo un silencio entre los dos, sólo se escuchaban los ronquidos en la calle de uno u otro auto. Ignacio le da una palmadita al muslo de Jazmín:

¡Cómo dices que son una plaga! Jazmín, esa no es la manera de referirse a los ciegos.

Jazmín lo mira algo molesta:


¡Son una plaga, Ignacio! Siempre hay ciegos, me cargan. Todos les tienen lástima, se salen de su camino y les ayudan a hacer cosas. Se ayudan entre ciegos ¿Entiendes eso? Ciegos que creen que ven todo, pero anda a decirles que son ciegos; se ofenden, como si negaran su condición. Son ciegos, Ignacio, no pueden ofenderse por eso, por decirles que son ciegos.
Pero Jazmín, no puedes decir eso...
¡Sí puedo!Jazmín deja a Ignacio con varias palabras encarceladas dentro de los dientes (como la comida) Y lo hago, porque no me agradan los ciegos. Los ciegos están tan ciegos que no se dan cuenta que no se dan cuenta ¿Me entiendes Ignacio?
Pero Jazmín...
¡Pero nada! No me agradan los ciegos... ¡¿Por qué siempre solamente encuentro ciegos y me rodeo de ellos?!Se pone de pie enfadada.


Un jacarandá en medio de la vereda, tiene una fresca sombra lila, que sólo la aprovecha un muchacho sentado en una banca (la banca también goza con la sombra). El muchacho abre los ojos y ve a la joven que lo acompañaba alejarse; lenta, tanteando su camino con el bastón, mientras se pone sus gafas oscuras.

martes, 12 de mayo de 2009

El Físico Prismático


Soy de la idea de que las mujeres mueven montañas, no en el sentido de que tengan súper fuerza, sino que pueden lograr que un hombre se las mueva (u otra mujer). Hasta la rana más tacaña está dispuesta a gastar dinero en una mujer (no me refiero a la prostitución). Ellas pueden lograr lo que sea, hasta engañar y robarle a una eminencia como yo.
Recuerdo cuando estaba en el centro siguiendo un arcoíris con mi peineta, generalmente es difícil encontrar un arcoíris propicio para mis estudios prismáticos, pero este era un espécimen genial: Sus siete colores estaban bien definidos; no se combinaban, había una perfecta y minúscula degradación que separaba cada franja. Se apreciaba hermoso sobre el castillo que estaba en el cerro y generaba una enorme sombra arcoirística más refrescante que la sombra de un aromo. Tenía un fin claro que estaba junto a un plátano oriental a un par de cuadras de donde yo estaba.
Cuando llegué al final del arcoíris, encontré a una linda muchacha sentada bajo la sombra del plátano oriental, como si fuera un duende que me esperaba con mi merecida olla de oro (tal como me ha pasado en expediciones irlandesas). Yo iba con mi peineta en la mano derecha y un cuaderno para tomar apuntes en la izquierda. Me puse al lado de la joven (porque ahí desembocaba el arcoíris) y comencé a realizar las mediciones pertinentes con mi fiel peineta. La muchacha me observaba con curiosidad, como si nunca hubiese visto a un tipo midiendo un arcoíris con una peineta y apenas concluí mi labor ella dirigió la palabra:

¿Qué es lo que hacías? me dijo con su voz agradable como el canto de las raíces.
Pues medía el arcoíris con mi peineta ¿Acaso no es obvio?
La muchacha soltó una risita de avellana que a mí me causó cierta molestia, por lo que le dije:
Es una investigación seria, no tienes por qué reírte- se lo dije serio, porque a mí siempre me ha molestado que no tomen con seriedad mis investigaciones.
Lo siento, nunca había visto a un tipo haciendo eso que tú haces- me contestó aun sonriendo- ¿Cómo te llamas?
Fedor le dije como cualquier físico prismático contestaría luego de que se burlaran de su trabajo.
Yo soy Almendra, un gusto Fedor- me contestó a pesar de mi austero tono de voz. Me extendió su suave mano para que me prendiera de ella (como suelen saludarse por acá), yo la saludé más cordialmente.

Almendra me llenó de preguntas y me sorprendió su ignorancia acerca de los usos científicos de las peinetas, la puse al tanto acerca del poder de los arcoíris. Le conté también acerca mi actual proyecto científico que consiste en concentrar la luz de un arcoíris en un solo punto (sin mezclar los colores) para lograr sanaciones celulares y reconstrucción de tejidos. La muchacha me escuchaba atenta y movía la cabeza como si comprendiera todo lo que le explicaba.
De la nada me dijo que debía irse, yo me despedí de ella y se fue casi corriendo. Yo seguí en mi posición hasta que el arcoíris desapareció.
Estaba en el paradero del bus cuando comencé a revisar mis bolsillos y descubrí que mi billetera no estaba; Almendra me había distraído con su simpatía y su conversación sólo para robarme, había ocupado sus dotes femeninos para conseguir lo único que deseaba: mi dinero. Por suerte al final de otro arcoíris había encontrado un trébol de cuatro hojas, lo revelé de su escondite ¡Et voilà!... me encontré dinero justo en el lugar donde a la señora que se había ido en el bus anterior se le había perdido un par de billetes.


Caminaba bajo los edificios antiguos y de manera recurrente me caían gotas de los aires acondicionados (supuestamente), pero siempre he tenido la idea de que las palomas escupen, por lo que me dio asco el líquido y le pedí a un amable sujeto el baño de su restorante para limpiarme, el hombre aceptó pero me exigió comprar algo de su negocio para que me transformara en cliente (el baño era sólo para clientes). Dubitativo, acepté, ya no aguantaba la baba de plumífero sobre mí.
Cliente... ¿Qué clase de cosa es eso? En el baño me preguntaba si era una clase de mutación física o si era una condición de esclavitud. Ante mis dudas, consulté mi diccionario y me reí como ardilla ante mi ignorancia conceptual. Salí del baño y me fui a comprar algo al restorante: Un helado.

Hola señor, pague en la caja primero y luego viene a retirar su helado- me dijo la empleada.
Fui a pagar a la caja y me dieron una boleta descolorida y me dirigí al lugar donde se canjeaba el papel por helado.
¿Qué sabor quiere? preguntó la empleada con aire de indiferencia.
Quiero un helado de multifruta y esencia de arcoíris- le contesté felizmente, pues ese es mi sabor favorito. La empleada me miró algo molesta.
Eso no existe dijo pero tenemos de banana, frutilla, frambuesa, ese café es de manjar y ese de choco...
¡Pero no! la interrumpí ¡¿Cómo me dice que no existe?! Si yo siempre compro de ese helado.
¡Entonces no lo tenemos! contestó aun más molesta y alzando la voz.
Bueno, dame un helado de pasas al ron dije muy bajito porque me había intimidado.
Me dio mi helado y me deseó un buen día. Yo me di vuelta y la miré sorprendido, después me fui a casa.

En la noche, mientras revisaba mis anotaciones del arcoíris Almendra (así lo llamé por la muchacha), me quedé dormido. Tuve un sueño donde la empleada del señor del restorante confundía a las personas con duendes de arcoíris y que siempre pedía deseos a la gente y como ya había pedido todo lo que quería, ahora deseaba buenos días para los 'duendes'.
Al día siguiente, noté que mis anotaciones estaban arruinadas por mi baba de sueño y recordé que cuando era niño acompañé a mi hermano a comprar remuevebabas y restaurador de escritor 'tinta corrida por líquidos' a la librería que estaba en la esquina frente a la plaza del centro. Lo recuerdo bien porque era un día de arcoíris.
Una vez que llegué a la librería, le pregunté al señor que atendía de la manera más cortez posible, como el físico que soy:

Buen señor, me podría dar un frasco pequeño de remuevebabas, otro de restaurador de escritos para 'tinta corrida por líquidos', dos pinceles y un pañito apto para la aplicación de los productos químicos primeramente nombrados.
El señor se subió sus lentes con su índice derecho para acercarlos más a sus ojos, como si estuviese acercando una peineta a un arcoíris, y me miró con sus dos ojos y su único mostacho:
¿Usted está bromeándome? inquirió lento y apoyando sus manos sobre la vitrina.
Claro que no, déjeme explicarle le dije.
Tengo tiempo contestó.
Bueno es eso, en estos días muy pocos tienen algo de tiempo, desde que lo privatizaron la gente vive apurada y sin dinero para adquirir ni un minuto.
Tiene toda la razón dijo entre una carcajada de señor ducho, lo que me pareció simpático. Comencé a decirle:
Lo que pasa es que anoche, mientras revisaba los datos conseguidos del arcoíris Almendra, me quedé dormido sobre mis apuntes y boté baba de sueño sobre las anotaciones y la tinta se corrió y la hoja se ensalivó.
Ya veo me dijo risueño el ducho señor pero ya no traemos de esos productos, ahora nos especializamos en coladores de aislapol y calculadoras de letras.
Mientras decía eso, el señor aguantaba la risa y cuando yo me lamenté de que ya no vendían lo que buscaba y le consulté si sabía donde podía encontrar aunque sea restaurador de escritos, el hombre no se contuvo más y comenzó a reír como bufón. Yo lo miraba con extrañeza y le pregunté cuál era el chiste, pero seguía riéndose. Se reía de mí, lo noté porque me apuntaba con su dedo (el mismo que ocupó para subirse los lentes) y decía comentarios entre risas como 'y sigue serio', '¿Dónde está el loquero' y cosas aburridas y sin sentido como esas. Me aburrí de su risa, me marché y a lo lejos divisé otro arcoíris.


Soy de la idea de que en los años pares de Saturno, la Tierra se llena de arcoíris, por un tema de reflejo de la luz solar en los anillos y en las lunas que rodean a Saturno. Esta fecha es ideal para la observación y estudio de los fenómenos prismáticos.
En cuanto al arcoíris que descubrí desde la librería, era pequeño y de franjas de color delgadas. Como andaba con mi peineta, sólo me acerqué a él por el placer de observarlo, porque no era un buen espécimen como el arcoíris Almendra. En el camino hacia el arcoíris, pasó una carreta tirada por una rara especie de unicornios que no poseían cuerno y que eran conducidos por un hombre que parecía de chocolate. Yo me asombré por lo mágico de mi visión y me sentí privilegiado de observar ese acontecimiento digno de un cuento.
El arcoíris se desvaneció antes que yo llegara a su posición y la esencia de arcoíris fue llevada por el viento hasta donde me encontraba de pie. Respiré profundo y caí inconsciente en la vereda por sobredosis de color.

Mejores Amigos (El reencuentro)


¡Hola po! Tanto tiempo sin verte ¿Cómo hai estado?
¿Bien po y tú?

Bien igual.
...

...
...

...
...

Y eso...
Sí... oye, ya me debo ir.

Oka, chao, que te vaya bien.
Igual, chao.

Revelaciones


Y dijo el todo poderoso:
Decidme ¿Yo soy vuestro señor?

La multitud contestó con un rotundo 'Sí'. El todo poderoso los miró por un rato, arrugó la frente y luego gritó:
¡Blasfemos! ¡No debéis adorar falsos ídolos!

La multitud se asombró. Ante al asombro el todo poderoso dijo:

Me llamáis señor, pero sólo soy...somos creaciones de un escritor, él es nuestro dios.

Presente Perfecto


Hoy veremos el presente perfecto: El presente es perfecto cuando NO se vuelve pasado. El presente perfecto tiene una duración indefinida y sólo puede ser presente. El futuro que podría derivar del presente perfecto suele ser también presente, esto no quiere decir que siempre es perfecto, pues en ese caso se transformaría en presente continuo.

Contestatario Señor Dos


Señor Dos, dígame qué fue lo que lo llevó a hacer esa operación de manera errónea, entiendo que usted es un doctor de renombre y nunca antes se había equivocado, usted era lógico y exacto.
Dígame señor Dos ¿Por qué dejó la lógica y exactitud en esa operación?¿Acaso el hecho de hacer sido siempre par terminó con su cordura? Sí, eso debe ser, usted ya no soportó la carga de ser un par y de volver par a quien quisiera multiplicarlo, por eso cometió la osadía de equivocarse ¡Qué impúdico acto ha efectuado! Sabe muy bien que esto le costará caro, en este país está prohibida la incoherencia.
Señor Dos, respóndame si ese fue su motivo para intentar matar al resultado correcto, o acaso fue otra la causa de su acción.
¿Problemas con su pasado? Puede que sea eso lo que lo perturbó: usted tiene trabas por desconocer a sus antepasados, su árbol genealógico está incompleto, señor Dos, sé que usted no sabe cuáles son sus raíces, a Uno lo envidia, por eso atentó en contra de aquel resultado. La operación era simple, usted la complicó ¡Todo por sentirse como un insulso primo!
¡Conteste señor Dos! Piense, Uno es real, usted es real, el resultado que agoniza también lo es.
¡No siga actuando con esa naturalidad! ¡Conteste! ¡Esta situación no es compleja!
¡Vuelva a ser el Dos que el mundo conoce!

Farmacia (Droguería)


Desanimado
Solo por la calle 17
Cansado, con párpados de acero
Solo por la calle 17
Manos embolsilladas

Cansado, desanimado

A dos locales de la esquina 33
La droguería moderna
Nocturna
Me espera en la esquina 33

Entro desembolsillando mis manos
Solo en la droguería
Ojos inspectores me escudriñan
No es una redada, puedo pasar

Pido polvos blancos
Solo en la droguería moderna
Me pasan la cuenta
Salgo, cierran el local

Doblo por la calle 14
Paro, respiro polvos blancos
Alegre
Corro hasta el clásico bar

15 días sin dormir
Solo por la primera vida que tengo
3 veces tranquilo
Siempre solo
Sólo viviendo por el clásico bar y la droguería moderna