sábado, 5 de diciembre de 2009

Defensa a las palomas II


Tenía una hambre de dos días y un estómago gruñendo por las úlceras que se comenzaban a formar por mi dieta de agua, entonces, con qué maravilla vi esa tortilla amasada botada al pie de una estatua. Apresuré el pasó, algo desesperado, y ahí las vi, todas esas palomas sobre cada espacio posable de la estatua, mirándome con sus ojos pérdidos de paloma, haciéndo ese prr de su emplumado ronroneo. Sí, no hay motivos para ocultar que me intimidé, al principio pensé que querían competir contra mí para conseguir la tortilla, pero no, sólo me miraban. Cuando tomé la tortilla, todas las palomas se fueron.

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