martes, 29 de diciembre de 2009

La banca


Me entristece que me trates así, porque yo siempre te vi con admiración, aunque pongas esa cara de "¿qué puedes admirar de mí?", es la verdad, siempre te vi como un acierto de personalidad. Y es cierto también que me gustaste, pero como un joven se enamora de una persona mayor, es un me gustaste que tiene mucho de respeto y admiración (sí, otra vez admiración) y no sé por qué se dieron así mis perspectivas de ti, si sé que en el fondo eres como todas. Recuerdo que cuando yo te comentaba algo de la nada o te contaba algo que había hecho, tú me halagabas, como si tú tuvieras admiración de mí, entonces yo me enmudecía, pensaba que te retractarías, sin embargo, no lo hacías y ya había pasado demasiado tiempo como para que yo te alagara y la cosa fuera recíproca. Ahora me entristece más pensar que sólo recibí alagos sin darte alguno, y aún más el haberte dicho linda y tú te hubieras quedado callada y sin volver a hablarme. Y que hasta ahora me ignoras. [Una mujer se acercó a ambos vendiendo "flores para la señorita", la muchacha le dijo que se jodiera y la vendedora de flores se alejó mirando raro. La muchacha estaba molesta] Sí, de seguro has pasado momentos más lindos con personas lindas, en casas mucho más lindas que la mía, y esas personas lindas hasta tienen apellidos extranjeros, que de seguro te parecen lindos o a ellos les parecen lindos sus apellidos extranjeros, que pueden conjugar con nombres extranjeros y que por eso se sienten con más clase, porque se relacionan con gente de su alcurnia, adinerada, artistas, que también hacen gargaras con sus apellidos extranjeros y sus apariencias extranjeras, pero no sabes que esos apellidos rusos o franceses son de la escoria de Rusia y de los violadores de Francia, pero como estás acá en este país que le lame las bolas a Europa y al desarrollo, los criminales son señores. Y yo siempre dedicándome a escribir cosas con el único fin de que te agradaran, pero ellos, como tienen roce con esas casas culturales fundadas por personas de apellidos extranjeros, que son casas de primera —que yo encuentro que son de última—, ganan premios y te acercas a ellos, porque deben ser buenos escritores, por algo ganan premios. Yo me he conformado siempre con tus halagos, porque sé que muchas veces esos concursos están comprados. Y lo de las casas es cierto, cualquier tipo con plata y convencido de su vocación artística o aún peor, que cree que es un artista, abre una y realiza talleres y concursos y fomentan el concepto de arte cliché, de escritores cliché. Generalmente lo que he leído de ganadores de esos concursos, no pasan de ser historias entretenidas. Como lo que te dije de Bolaño. Sé que te encanta, que a todos ellos les encanta y que el libro que leí de él te encantó y yo lo encontré pobre. [La muchacha le dice que es un resentido o un rencoroso o un envidioso, que no se meta con Bolaño ni con las casas culturales que administran sus amigos o los padres de sus amigos, que al fin y al cabo, igual fomentan la cultura y que no sabe de todas las cosas buenas que hacen. Que tiene el ego alto, que nunca ha demostrado que es un buen escritor. Planea irse, pero él la agarra del brazo] Me entristece que me trates así, te lo digo en serio. No sabes cuánto me entristece recordar esas conversaciones que teníamos acerca del cliché del arte, de la escritura, de los escritores, que al final concordábamos en que casi todos los grandes caían en el cliché y que todos los emergentes caían en los grandes. Pero sabes, nunca definimos el cliché, sólo tratabamos como algo que existía, es seguro que el cliché existía, pero no se puede describir o identificar en particular, pero la escritura tiene ese algo que nunca alguien lo definió. Ahora me dices que nunca he demostrado ser buen escritor, ¿acaso quieres que te saque en cara premios? ¿concursos? ¿quieres que en las columnas de cultura del periódico digan lo buen escritor que soy? No, eso no lo haré, yo sé que soy bueno y a nadie tengo que resfregárselo, menos a ti, también sé cuando algo no me gusta y nunca me ha gustado un libro de los que publican esas casas culturales, no pasan de ser entretenidos, pero debe haber algo más en un libro, si quisiera algo entretenido me iría a tener una conversación incoherente con alguno de mis amigos hasta soltar risotadas agradables, que sirven para pasar el rato. Cuando leo busco algo más que sólo diversión. [La muchacha se safa bruscamente de la mano del joven, también le dice que se joda y se va con paso rápido]
— ¡Te busco a ti! —Le gritó a la muchacha. Pero la muchacha siguió caminando— ¡Pues jódete tú también!
El joven botó el libro que le llevaba de obsequio a la muchacha y se fue caminando, refunfuñando, en dirección contraria a la muchacha.

La mujer que vendía flores volvió a recoger el libro y sin siquiera leer la portada, se acercó a ofrecérselo a una pareja que se estaba besando en una banca. La pareja se lo compró de inmediato.

2 comentarios:

Amèlie dijo...

El hombre es del prototipo Castel. Sino hubiese sido por su túnel (que en el fondo era su alto ego), de seguro habría encontrado a María. En este caso, el escritor hubiese encontrado a la muchacha.
Me gusta la forma de guión en algunas partes.
Por cierto, es "halago", con h.

Saludos.

César Paolo dijo...

me gusta alago sin hache, se ve más lindo, lástima que sea falta ortográfica...