viernes, 4 de diciembre de 2009

Nunca se vio a un ermitaño tan solo


Acabo de comprender lo que a gritos se decía en rimas, lo que en libros se decía bellamente, lo que en canciones se decía en llantos, pero aún no comprendo lo que los volcanes suspiran, lo que las aves suplican, lo que uno mismo siente. Quizás sin palabras ninguna cosa hay comprender, porque solo los hombres quieren ser comprendidos. [Se puso de pie para sacar un puñal de su bolsillo. Se volvió a sentar] Y sin duda estoy equivocado, ¿cuándo has visto a alguien tener la razón? [El muchacho pensó que tenía que responder porque el tipo se había quedado en silencio mirándolo, pero nada dijo, bajó la mirada y se quedó mirando la fogata] Después de toda una vida leyendo, aprendiendo y practicando con la certeza de que eso me haría mejor o estaría en un verdadero bienestar, me doy cuenta de que sólo se me ha secado la vida, que soy una hoja cuando en realidad quería ser árbol. Claro que mucha gente admira el modo de vida que llevo, me llaman valiente y hasta sabio, pero sólo soy un hombre más, ya que esto lo hice porque quería algo de reconocimiento; mío, de los demás, de dios, pero todo se desvirtuó, nunca podremos conseguir exactamente lo que deseamos y eso nos importa mucho, demasiado. [Comenzó a hacerle una punta a un palo con el puñal] Olvidé la última vez que había platicado con alguien, este bosque es hermoso, pero poca gente viene acá, cuál es tu nombre muchacho. [El ermitaño comenzó a preguntarle cosas al joven, pero él se mantenía en silencio] Si no quieres hablar, no importa. [Dejó el puñal y el palo a un lado, y se tendió de espaldas para ver las estrellas] Hay tantas cosas en las que creemos y otras tantas que asumimos, pero dudo que algo de lo que pensemos sea acertado. [Se sentó de golpe] No creas que todo es malo o negativo, por ningún motivo, esto es hermoso; sólo mira el fuego, el cielo y a tu alrededor, los mismos hombres son bellos, el problema está dentro de sus cráneos. [Clavó un trozo de carne en el palo y lo dejó cocinándose en el fuego. El ermitaño bebió agua de su botella] ¿Quieres un poco? [El muchacho se puso de pie y se comenzó a alejar del hombre y su fogata. El ermitaño lo miraba fijamente para no perderlo en la oscuridad de la noche y el bosque. El joven se volteó y unicamente dijo «pobre idiota...». Luego siguió caminando hasta perderse]

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