miércoles, 10 de marzo de 2010

Grandes autores de la literatura y la vida cotidiana


Si no fuera por Las mil y una noches detestaría aún más a los anónimos, aunque sea una nota de un desconocido que me alaga o una carta con letras recortadas de revistas pidiéndome dinero para que me devuelvan a mi madre. Me da lo mismo si quieren guardar su anonimato, porque yo los detesto sólo porque soy curioso, y un anónimo es un criminal al ocultar información o al dar su nombre pero manteniéndose en anonimato, como un César en un mar de Césares. Cuántas mujeres criminales he visto por las calles, que pasan frente a mis curiosos ojos, dejando tiritonas a mis curiosas manos y ansioso a todo lo erógeno en mí. Digo la verdad cuando cuento que hoy descubrí por lo menos a cinco anónimas de cabelleras agarçonadas que cruzaron miradas o sonrisas conmigo, que fácilmente podría haberlas hecho declarar sus nombres, pero que prefirieron alejarse para mantenerme con dudas eternas y crueles y haciendo que jamás me entarase de cómo se llamaban o sus números de teléfonos o si prefierían una caricia en el vientre o una mordida en el lóbulo de la oreja derecha. Por eso los detesto y me amargo, porque saliendo del hogar propio o ajeno todos somos anónimos.

lunes, 8 de marzo de 2010

Fin


Supe que había llegado el fin cuando los científicos descubrieron la manera de manipular cada átomo que estuviese en el rango de acción de ese aparato complicado lleno de lentes de aumento que producía ese sonido de ampolleta mala progresivamente fuerte. Vi cómo en el laboratorio experimentaban con un trozo de titanio: lo apuntaban con el rayo y lo desintegraban para luego volverlo a materializar; reconfiguraban la máquina y el rayo transmutaba el titanio en bronce, oro, hierro o diamante; volvían a presionar botones en el tablero de control y la máquina cambiaba de estado el trozo de diamante que estaba en la zona de prueba; finalmente el científico tomó una pistola similar a la de los extraterrestres de las películas, que tenía la misma tecnología del aparato grande con el que realizaban las pruebas, según lo que mencionó el hombre de ciencia, y presionando un botón se cubrió por una burbúja verde como una botella de vino tinto que apareció de repente. "Un campo de fuerza, soporta setenta y cinco Hiroshimas" dijo el científico deshaciendo el campo de fuerza. "Ya hemos desarrollado un arma con esta tecnología subatómica para cada soldado del ejército noruego. Es cuestión de tiempo para expandirnos por toda Europa e invadir Estados Unidos. La orden pronto será dada por el pres..."
Apagué el televisor; no quise ver la escena de la guerra ni esos sesenta minutos que quedaban de película, ya sabía que sólo bastaba con que dijeran fin, un gran fin con letras blancas y un fondo negro. Se hubiesen ahorrado varios miles de dólares.

jueves, 25 de febrero de 2010

Geología

Magnate por calibrar miradas

Enjauló las jaulas dando menos-menos libertad

Decoró las cárceles y las amplió sin fronteras

De gendarme decidió ser un preso más

Se rió de los dueños de mascotas

Lloró de risa por el que puso llave a su puerta

Soltó los esfínteres al ver mochileros

Gozó tanto que dudó volver;


Un rato de paciencia por un pez, trato anulado

Las explosiones mueven montañas

Más valen en la mano que volando

Los caballos casi jubilan

Sueños reservados para la cama

Todos los caminos rodeados de pasto

Prohibido pisar el pasto

Caminar por salud

Reír por chistes

O si otra persona es la que te desviste


Y ninguno solicita sus servicios

Y todos tienen los ojos perdidos

Se marchó riendo cuando la cajera le preguntó si quería agrandar su orden
Le oí murmurar: ¡La importancia de los tamaños!




Un joven sensibilizado mira una jaula con una avecilla dentro, un viejo casi muerto que caminaba lento se para a su lado y lo regaña:


“Me das pena, porque estás encarcelado en una enorme jaula llena de adornos y paisajes de la cual jamás saldrás, pero como no lo sabes, te crees más libre que el pajarillo y te gustaría que él estuviese volando. A ti te apena esa avecita, pero ella ve sus limitaciones, que sabe que ante cualquier descuido se escapará, que tiene comida y agua fácil, que si muere ahí dentro, le importará poco, porque no tiene una familia o amigos que lo recuerden y le lloren. Ese pajarito aprenderá pronto, si es que aún no lo sabe, que en esa pequeñísima jaula tiene, fríamente, lo necesario para vivir y aislado estará librado de vicios. El pajarito ya conoce toda su cárcel y tú, aunque desde hoy comiences a explorar, nunca podrás conocer por completo la tuya.”


El joven intenta decir libertad, pero el viejo lo interrumpe:


“Libertad, tal vez nunca. Independencia.”


El viejo se va caminando lento y el joven se marcha en la dirección contraria. Luego de caminar unos minutos, el viejo ya olvidó todo lo que había dicho y le pregunta a una muchacha de manera muy familiar dónde está Raquel, la muchacha lo mira extrañado, le dice que no sabe y lo toma del brazo para pasárselo a una señora del asilo que perseguía al prófugo desde hace un rato.

miércoles, 13 de enero de 2010

Aquiles


Entré sólo por un impulso y dentro de la iglesia me sentí católico. Estuve sentado una media hora en las bancas de misa, dormitando, escuchando el coro envasado que salía de unos parlantes. Cuando me levanté para despertar, me puse a ver las esculturas y allí estaba él; mirándome con su aspecto barroco, sufriendo. No pude mirarlo a los ojos. Así descubrí que Jesús tenía pie plano.