jueves, 25 de febrero de 2010

Geología

Magnate por calibrar miradas

Enjauló las jaulas dando menos-menos libertad

Decoró las cárceles y las amplió sin fronteras

De gendarme decidió ser un preso más

Se rió de los dueños de mascotas

Lloró de risa por el que puso llave a su puerta

Soltó los esfínteres al ver mochileros

Gozó tanto que dudó volver;


Un rato de paciencia por un pez, trato anulado

Las explosiones mueven montañas

Más valen en la mano que volando

Los caballos casi jubilan

Sueños reservados para la cama

Todos los caminos rodeados de pasto

Prohibido pisar el pasto

Caminar por salud

Reír por chistes

O si otra persona es la que te desviste


Y ninguno solicita sus servicios

Y todos tienen los ojos perdidos

Se marchó riendo cuando la cajera le preguntó si quería agrandar su orden
Le oí murmurar: ¡La importancia de los tamaños!




Un joven sensibilizado mira una jaula con una avecilla dentro, un viejo casi muerto que caminaba lento se para a su lado y lo regaña:


“Me das pena, porque estás encarcelado en una enorme jaula llena de adornos y paisajes de la cual jamás saldrás, pero como no lo sabes, te crees más libre que el pajarillo y te gustaría que él estuviese volando. A ti te apena esa avecita, pero ella ve sus limitaciones, que sabe que ante cualquier descuido se escapará, que tiene comida y agua fácil, que si muere ahí dentro, le importará poco, porque no tiene una familia o amigos que lo recuerden y le lloren. Ese pajarito aprenderá pronto, si es que aún no lo sabe, que en esa pequeñísima jaula tiene, fríamente, lo necesario para vivir y aislado estará librado de vicios. El pajarito ya conoce toda su cárcel y tú, aunque desde hoy comiences a explorar, nunca podrás conocer por completo la tuya.”


El joven intenta decir libertad, pero el viejo lo interrumpe:


“Libertad, tal vez nunca. Independencia.”


El viejo se va caminando lento y el joven se marcha en la dirección contraria. Luego de caminar unos minutos, el viejo ya olvidó todo lo que había dicho y le pregunta a una muchacha de manera muy familiar dónde está Raquel, la muchacha lo mira extrañado, le dice que no sabe y lo toma del brazo para pasárselo a una señora del asilo que perseguía al prófugo desde hace un rato.

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