lunes, 8 de marzo de 2010

Fin


Supe que había llegado el fin cuando los científicos descubrieron la manera de manipular cada átomo que estuviese en el rango de acción de ese aparato complicado lleno de lentes de aumento que producía ese sonido de ampolleta mala progresivamente fuerte. Vi cómo en el laboratorio experimentaban con un trozo de titanio: lo apuntaban con el rayo y lo desintegraban para luego volverlo a materializar; reconfiguraban la máquina y el rayo transmutaba el titanio en bronce, oro, hierro o diamante; volvían a presionar botones en el tablero de control y la máquina cambiaba de estado el trozo de diamante que estaba en la zona de prueba; finalmente el científico tomó una pistola similar a la de los extraterrestres de las películas, que tenía la misma tecnología del aparato grande con el que realizaban las pruebas, según lo que mencionó el hombre de ciencia, y presionando un botón se cubrió por una burbúja verde como una botella de vino tinto que apareció de repente. "Un campo de fuerza, soporta setenta y cinco Hiroshimas" dijo el científico deshaciendo el campo de fuerza. "Ya hemos desarrollado un arma con esta tecnología subatómica para cada soldado del ejército noruego. Es cuestión de tiempo para expandirnos por toda Europa e invadir Estados Unidos. La orden pronto será dada por el pres..."
Apagué el televisor; no quise ver la escena de la guerra ni esos sesenta minutos que quedaban de película, ya sabía que sólo bastaba con que dijeran fin, un gran fin con letras blancas y un fondo negro. Se hubiesen ahorrado varios miles de dólares.

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